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Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de valor, ¡pon tu esperanza en el Señor!

Para escuchar
Una cosmovisión global de esperanza.
La palabra “cosmovisión” se refiere a la percepción que uno tiene del mundo que lo rodea. Digamos que es nuestra visión del mundo, nuestra manera de ver las cosas.
Unos ejemplos muy conocidos: dos personas miran un vaso con agua hasta la mitad. Uno dice, “el vaso está medio vacío”. Esa es una visión pesimista o negativa. El otro dice, “el vaso está medio lleno”. Esa es una visión optimista o positiva. Dos personas reciben una caja conteniendo una dona (o donut). Uno ve la dona y dice, “se ve bien, pero tiene un agujero en el centro”. La otra dice, “se ve bien, vamos a comerla”.
Cuando tuve el gozo de tener en mis brazos por primera vez a mi hija a los pocos minutos de nacer hice una oración a Dios pidiéndole sabiduría para educarla y guiarla a los pies de Jesús. El deseo de mi corazón era verla crecer y facilitar que fuera una mujer útil al reino de Dios y a la sociedad. ¡Esa era mi cosmovisión de esperanza! ¡Esa era mi visión personal de esperanza!
Pasaron siete años cuando ella decidió invitar a Jesucristo a venir a su vida. Otros dos años para bautizarse y unirse como miembro a la iglesia. Pasaron 15 años antes de verla enseñar una clase para niños y 20 años más para verla guiar el grupo de alabanza de la iglesia. 30 años después la vi organizando y guiando un ministerio para mujeres que atrajo a cientos de mujeres a una renovada experiencia con Dios.
No creas que todo fue fácil y simple entre mi cosmovisión y el cumplimiento de mi esperanza. Yo no tuve un padre en casa, así que no tenía un modelo humano para guiarme en el proceso de ser padre de una chica hermosa. Así que decidí ir a la Biblia y ver cómo Dios ha sido mi Padre para tratar de imitarlo en las relaciones con mis hijas. Mantener la visión por más de 30 años es una esperanza, pero al ver el cumplimiento de esa esperanza produce más que una sonrisa.
En nuestra cultura de prisa, hacemos el pedido de una hamburguesa con papas fritas y una bebida en una ventana, pagamos en la siguiente ventana y esperamos recoger lo pedido al llegar a la tercera ventana. Pero, muchas veces hay que esperar.
Hoy en cuestión de segundos podemos saber el clima y la temperatura que hace en el sur de Mongolia. Podemos pedir un frasco de vitaminas o una blusa bonita en una tienda por teléfono y recibir lo pedido al día siguiente. Podemos llevar la cena del congelador a la mesa en cinco minutos gracias al microondas. Podemos enviar un mensaje instantáneo a nuestros amigos o a miles de personas en un abrir y cerrar de ojos. Así que no me extraña que esperar sea difícil.
David, autor del Salmo 27:14, no era ajeno a la espera y conocía muy bien esas emociones. Por eso, cuando escribió: “Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de
valor, ¡pon tu esperanza en el Señor!” lo hizo con experiencia perfeccionada a lo largo de años de espera para cumplir el destino que Dios tenía para él. Ese destino comenzó en la humilde casa de su padre Isaí, y en los valles pastoreando ovejas.
Empezó cuando el profeta Samuel se presentó en casa de Isaí para ungir al próximo rey de Israel, que debía ser elegido de entre sus varios hijos. Sólo uno de los hijos de Isaí sería ungido. Ese hijo fue David. La Escritura nos dice que el Espíritu de Dios se precipitó sobre David y estuvo con él el resto de sus días (1 Samuel 16:13). Con semejante unción, cabría esperar que David corriera a ocupar su puesto en el trono. Pero lo que hizo David fue volver a los campos para cuidar las ovejas de su padre.
Así comenzó su espera. En la espera, Dios preparó a David para ser rey. El único oficio o profesión que David había conocido era el pastoreo. No conocía los laberintos del protocolo real ni las reglas de la vida en el palacio. David no tenía el apoyo del pueblo ni ejércitos que le defendieran como rey. No era más que un humilde pastor. En lugar de correr a ocupar el puesto que se le había prometido, David esperó a que Dios lo trasladara de los campos al palacio. Durante la espera, Dios preparó a David enseñándole muchas lecciones que eran indispensables para su futuro.
Examinando y aplicando estas verdades, podemos encontrar esperanza en la dificultad de esperar; y aprender cómo esperar. Esto puede ser beneficioso para nuestro futuro. Aunque seamos ungidos y designados, puede que aún tengamos que esperar. David esperó 15 años para ser rey de Judá y aún más para ser rey de todo Israel. Si lo permitimos, nuestra espera nos llevará a un conocimiento íntimo de Dios que de otro modo no tendríamos.
La mayoría de los hermosos y poéticos salmos de David fueron escritos mientras estaba en cuevas, cavernas y el desierto, esperando en Dios. Dios no ignora los gritos de sus hijos. David lloró y suplicó a Dios ayuda, intervención y defensa. Dios nunca defraudó a David. Nuestra espera tiene un propósito para alguien más que nosotros mismos. No todo gira en torno a nosotros. Piensa en lo bendecidas que son nuestras vidas hoy gracias a la espera que soportó David. Tenemos el consuelo, la compasión, la esperanza y el alivio por medio de las palabras de los Salmos.
¡Qué asombrosas instrucciones nos da la vida de David sobre la espera! Esperar es menos difícil y el futuro es más brillante cuando dejamos que Dios haga su obra en nuestro tiempo de espera. Cuando bajamos la guardia y las defensas estamos abiertos a ver cuán fiel es Él para llevar a plenitud sus planes para nuestras vidas.
Oración:
Querido Señor, ayúdame a esperar bien. Quiero ser paciente mientras Tú haces tu plan en mi vida hasta la plenitud. No puedo hacerlo sin Ti. En el nombre de Jesús, amén
Reflexiona y responde:
Lee más sobre la vida de David a partir de 1 Samuel 16.
¿Cuál es tu primera respuesta a la espera?
¿Te acercas o te alejas de Dios cuando esperas?
¿Por qué? ¿Qué te ha enseñado Dios en la reflexión de hoy sobre la espera?
Que Dios te bendiga es el deseo de mi corazón y mi oración por ti hoy.



2 Comments
Quisiera contenido que , edifique que amplíe mi conocimiento y que sea enseñanzas que de gran bendición para mi vida en Cristo leyendo su palabra día a día orando y fortaleciéndo mi alma en él atravez de su palabra escudriñando su verdad para vida de Poder en Cristo .
Un noble deseo. Adelante con valor.