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Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas;
se remontarán con alas como las águilas,
correrán y no se cansarán caminarán y no se fatigarán.
Isaías 40:31 (LBLA)

Para escuchar
Todos los sinónimos de la palabra “esperar” son las palabras y emociones que menos me gustan: Paciencia. Calma. Tolerancia. Resignación. Tranquilidad. Esperar no es uno de mis puntos fuertes. Soy más del tipo de persona que dice “¡Vamos! ¡Vamos! ¡Hagamos algo!”.
En la Biblia, encontramos varios ejemplos de personas que, como yo, lucharon con la impaciencia o la falta de paciencia en diferentes momentos de su vida. Un ejemplo notorio es el de Moisés, quien en un momento de enojo e impaciencia golpeó la roca dos veces para hacer que brotara agua, en lugar de hablarle a la roca como Dios le había indicado. Este acto le costó a Moisés la entrada a la tierra prometida (Números 20:8-12).
Otro ejemplo es el de Saúl, quien en un momento de impaciencia ofreció un sacrificio antes de que el sacerdote Samuel llegara, violando así un mandato divino. Esta falta de paciencia y desobediencia le trajo consecuencias significativas para su reinado (1 Samuel 13:8-14).
También encontramos el relato de Abraham y Sara, quienes, en lugar de esperar en la promesa de Dios de darles un hijo, intentaron resolver la situación por sus propios medios. Sara, al no concebir, sugirió que Abraham tuviera un hijo con su sierva Agar, lo que resultó en complicaciones y conflictos que persisten hasta hoy en día (Génesis 16).
Isaías 40:31 dice: Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas… Estas palabras resaltan la importancia de esperar en el Señor y nos ofrece una promesa de fortaleza renovada para aquellos que confían en Él. Además, la imagen poética de “levantar alas como las águilas” transmite la idea de una renovación y fortaleza que proviene de la paciencia y la confianza en Dios.
Este pasaje nos recuerda que la paciencia no es simplemente una espera pasiva, sino que implica confiar en la fidelidad de Dios y mantener la esperanza en medio de las pruebas. Nos anima a creer que, al esperar en el Señor, recibiremos la fuerza para perseverar, superar obstáculos y seguir adelante con renovada energía.
Además, este versículo nos enseña que cuando la espera termine habremos captado la voluntad de Dios para esa espera y luego vamos adelante con determinación, literalmente vamos a correr y caminar sin desfallecer. Nos recuerda que la paciencia no se trata solo de resistir, sino también de avanzar con confianza en Dios, sabiendo que él nos fortalecerá en el camino.
La aplicación práctica de este pasaje es recordar que la fe y la paciencia van de la mano. En lugar de ceder a la impaciencia, podemos fortalecer nuestra fe recordando las promesas de Dios y confiando en su fidelidad. Al enfrentar situaciones en las que nos cuesta esperar, podemos tomar medidas concretas para fortalecer nuestra fe: dedicar tiempo a la oración, meditar en las Escrituras que hablan sobre la fidelidad de Dios, y rodearnos de personas que nos animen en nuestra espera.
Oración
Señor, siento haber interferido en la obra que tú intentas realizar en mi vida. Las pausas son un reto a mi paciencia y fe. Quiero sentir tu presencia mientras espero tus mejores planes. Gracias por ser un Dios redentor que toma mis desaciertos y los transforma para mi bien. Ayúdame a apoyarme en ti más que en mi propio entendimiento. En el nombre de Jesús, amén.
Piensa y responde
¿Puedes identificar áreas específicas en las que te cuesta esperar? Esto podría significar esperar y meditar antes de tomar decisiones para no apresurar las cosas, confiar en que Dios está obrando incluso en medio de la espera. Al hacerlo, cultivamos una fe que supera la impaciencia y nos acerca a una comprensión más profunda del amor y el cuidado de Dios por nosotros.
Que Dios te bendiga es el deseo de mi corazón y mi oración.


