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Cuando ya se acercaba a las puertas del pueblo, vio que sacaban de allí a un muerto, hijo único de madre viuda. La acompañaba un grupo grande de la población. 13 Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: —No llores.

Para escuchar
Hace unos días fui al cementerio donde sepulté a mi esposa. Me senté y lloré y le conté a Jesucristo todo lo que tenía en el corazón. Parte de lo que le dije no era bonito, y parte era confesión de confusión mezclada con algo de resentimiento.
Poco a poco, a lo largo de los años, he comprendido cómo mis creencias erróneas sobre Dios me han privado de algunos de sus mayores dones. Confieso que muchas veces no me he acercado a Jesús con toda honestidad. Acostumbro a venir delante de él con alegría, pero si me estaba quebrando me apartaba de él hasta que conseguía sentirme mejor.
Creía que Jesús quería que me presentara ante su presencia sintiéndome positivo, así que me perdí de poder experimentar su comprensión.
Creía que Jesús quería que acudiera a él cuando estaba feliz y contento, así que perdí la oportunidad de sentir su compasión.
Esta historia que nos cuenta el escritor Lucas es un ejemplo del amor y la compasión de Jesús por los que sufren. La viuda había perdido a su único hijo, lo que significaba que había perdido su sustento y apoyo emocional. Además, en la cultura de aquel tiempo, ser viuda era una gran desgracia, ya que las mujeres dependían de los hombres para su seguridad y protección.
Jesús, al ver a la viuda, se compadeció de ella y le dijo que no llorara. En ese momento, Jesús no solo estaba consolando a la viuda, sino que estaba demostrando su poder sobre la muerte y su capacidad para traer vida y esperanza en las circunstancias más oscuras de nuestra existencia.
Este relato nos enseña varias lecciones prácticas y aplicables a nuestra vida:
1. Jesús se preocupa por nosotros en nuestras situaciones de dolor y sufrimiento. A menudo, cuando estamos pasando por momentos difíciles, podemos sentir que estamos solos y que nadie se preocupa por nosotros. Pero esta historia nos recuerda que Jesús se preocupa por nosotros y quiere consolarnos en nuestras tristezas.
2. Jesús tiene el poder de traer vida y esperanza a las situaciones más desesperadas. La viuda había perdido a su único hijo, lo que parecía ser una situación sin esperanza. Pero Jesús, con su poder divino, pudo traer vida y esperanza a esa situación. Hoy en día, podemos confiar en que Jesús tiene el poder para traer vida y esperanza a nuestras situaciones más desesperadas. Ven a Él con todo lo que te angustia, te preocupa, te duele, te inquieta y cuéntale y confiesa lo que tienes en lo más profundo de tu ser. Él está listo para consolarte y mostrarte su amor.
3. Debemos ser compasivos y solidarios con los que sufren. La viuda no estaba sola en su dolor, había mucha gente de la ciudad con ella. Hoy en día, debemos ser solidarios y compasivos con los que sufren, especialmente con los que están solos o marginados. Podemos ofrecer consuelo y apoyo, como lo hizo Jesús con la viuda.
4. Debemos confiar en la bondad y el amor de Dios, incluso en medio del dolor y la pérdida. La viuda pudo confiar en que Dios estaba con ella en medio de su dolor y pérdida. Hoy nosotros podemos confiar en la bondad y el amor de Dios, incluso en medio del dolor y la pérdida, sabiendo que él está con nosotros y nos consuela en nuestras tristezas.
A menudo, he pasado por alto estos relatos sin pensar en la humanidad de las personas que los protagonizan, pero pensemos juntos: ¿Qué circunstancias funerarias resultan especialmente trágicas para ti? ¿Cuándo los hijos se quedan sin madre? ¿Cuándo la víctima murió demasiado joven? ¿Cuándo, contra todas las reglas de la naturaleza, un hijo muere antes que sus padres?
Lucas 7:13 nos dice: “el corazón de Jesús se unió al de ella y sintió compasión”. Respondió a sus lágrimas con amabilidad, dulzura y misericordia. Luego se puso manos a la obra para mostrar su poder sobre el dolor y la muerte.
Aquella mañana, cuando lloré y despotriqué ante Jesús, no sentí su disgusto. No recibí una reprimenda. En cambio, sentí que su amor, su misericordia y su compasión me bañaban. Sus brazos me rodearon y abrazaron.
¿Te sientes triste, solo, deprimido o abrumado hoy? ¿Estás luchando contra el miedo y la duda? El corazón de nuestro bondadoso Salvador está contigo. Llévaselo todo a él y experimenta su amor y compasión.
Oración:
Padre Dios, en lugar de intentar ocultarte mis verdaderos sentimientos, ayúdame a confiártelos. Estoy cansado de actuar como si estuviera bien delante de Ti cuando realmente necesito tu compasión y ayuda. En nombre de Jesús, amén.
Reflexiona y responde:
¿Tienes la costumbre de acudir a Jesús con tus emociones negativas o intentas ocultárselas?
¿Cómo cambia tu forma de pensar la idea de llevarle todas tus emociones?
Que Dios te bendiga es el deseo de mi corazón y mi oración por ti hoy.


