En la Reflexión de hoy vamos a aprender del Salmo 123 cómo...
Buscar la ayuda y la misericordia de Dios
Señor, hacia ti levanto mis ojos; hacia ti que vives en la inmensidad del universo, y también en la intimidad de mi corazón; de ti busco la ayuda que necesito.
Como los empleados están atentos y listos para obedecer las órdenes de sus jefes; como las sirvientas con diligencia sirven a la señora de la casa.
De la misma manera nosotros estamos atentos y listos, esperando tus órdenes; esperando escuchar bien tus palabras llenas de misericordia.
¡Oh tu misericordia, Señor, tu misericordia! Nos demostraste tu misericordia cuando éramos despreciables hasta el colmo.
No olvidamos cuando nuestras almas estaban rendidas y agotadas; cuando éramos como carne molida en los dientes de los poderosos; cuando éramos escupidos de la boca de los opresores.
Jorge E. Díaz -- Una paráfrasis
El Salmo 123 es un llamado a servir al Señor por un solo motivo: gratitud por la misericordia que él nos ha demostrado. Este salmo no nos dice qué hacer, pero sí el por qué hacerlo. No nos dice las reglas del juego, es decir no da las normas, ni la manera de adorar al Señor, pero nos muestra y explica el por qué hacerlo.
“Señor, hacia ti levanto mis ojos; hacia ti que vives en la inmensidad del universo, y también en la intimidad de mi corazón”
La fe y la gratitud guían al creyente a poner su mirada en el Señor. En medio de las circunstancias: buenas o malas, agradables o desagradables, el creyente levanta sus ojos hacia el Señor.
El creyente reconoce que Dios es el Señor, el Patrón, el Amo y no un compañero de cuarto a quien podemos tratar como nos guste.
Algunas veces vamos al templo con nuestra lista de deseos y se la presentamos al Señor como si él fuera un empleado del supermercado para que nos llene la carreta, pague la cuenta y luego nos lleve todo lo pedido a nuestro automóvil y mejor si lo hace hasta nuestra casa.
Otras veces, pensamos que el cielo es una agencia de pizzas a la cual llamamos por teléfono y ordenamos según nuestro gusto. Esperamos unos cuantos minutos y si el servicio no es inmediato nos enojamos y expresamos nuestro disgusto.De ti busco la ayuda que necesito.
El creyente reconoce que no va delante de Dios como el que ordena, sino como el necesitado.Va para pedir ayuda, para suplicar por misericordia, compasión. Sabe que es un mendigo con hambre.
“Como los empleados están atentos y listos para obedecer las órdenes de sus jefes; como las sirvientas con diligencia sirven a la señora de la casa”.
De la misma manera nosotros estamos atentos y listos, esperando tus órdenes.
Literalmente la figura usada aquí es la del siervo que está de pie, atento y listo para que, a la más mínima indicación de su señor, responder con esmero y prontitud.
Como la empleada que tiene en su casa a tres niños y tiene necesidad de trabajar para llevarles el pan. Sabe que la vida de sus hijos depende de lo bien que sirva a la señora de la casa. Así que está dispuesta a hacer cualquier cosa para complacerla.
Esperando escuchar bien tus palabras llenas de misericordia.
Lo hermoso de servir al Señor es que cuando él nos habla lo hace con palabras llenas de misericordia.
El problema es nuestro -no hacemos como dice el salmista- “esperando escuchar bien tus palabras”. Nosotros hacemos lo que pensamos que al Señor le gustaría que hagamos y salimos corriendo para hacerlo. Luego volvemos cansados, frustrados y desanimados porque las cosas salieron mal. ¡Con razón! Hemos hecho lo que nosotros pensábamos porque no esperamos para escuchar bien las instrucciones del Señor.
¡Oh tu misericordia, Señor, tu misericordia!
Aquí esta uno de los motivos para que el Señor sea nuestro Señor: cuando no valíamos nada para nadie, Dios se compadeció de nosotros. Nos amó y nos adoptó como miembros de su familia.
No olvidamos cuando nuestras almas estaban rendidas y agotadas.
Cuando nos sentimos sin fuerzas, sin deseos y sin la posibilidad de continuar, nos rendimos. Fue en un estado de desesperanza, de agotamiento, cuando el Señor tuvo misericordia de nosotros. Otra poderosa razón para estar agradecidos y servir al Señor con todo nuestro ser.
Oremos: Gracias, Padre celestial, porque en medio de nuestra angustia y desesperanza, tú eres la luz al final del túnel. Tú eres un Dios que nos trata con misericordia y compasión. Gracias por amarnos a pesar de nuestra condición perdida.
Reflexión y acción:Puede ser que necesitas acercarte a Dios para darle gracias por lo que te ha dado a pesar tu condición perdida. ¿Puedes tomar un día completo para dedicarlo a agradecer a Dios por haber tenido misericordia de ti?
Que Dios te bendiga es el deseo de mi corazón y mi oración por ti hoy.
El Dr. Jorge Enrique Díaz Figueroa es conocido en América Latina, España, Australia y Estados Unidos como un maestro, profesor y facilitador dedicado al proceso de enseñanza-aprendizaje. Ha impartido conferencias bíblicas sobre liderazgo, ministerio pastoral y gestión de organizaciones sin fines de lucro.