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En la reflexión de hoy quiero recordarte que…
El arrepentimiento es el cimiento de un nuevo comienzo
Salmo 120 (NVI)
En mi angustia invoqué al Señor, y él me respondió.
Señor, líbrame de los labios mentirosos y de las lenguas embusteras.
¡Ah, lengua embustera!
¿Qué se te habrá de dar?
¿Qué se te habrá de añadir?
¡Puntiagudas flechas de guerrero, con ardientes brasas de retama!
¡Ay de mí, que soy extranjero en Mésec, que he acampado entre las tiendas de Cedar!
¡Ya es mucho el tiempo que he acampado entre los que aborrecen la paz!
Yo amo la paz, pero si hablo de paz, ellos hablan de guerra.
Una persona tiene que estar cansada de la manera de hacer las cosas y de conseguir los mismos resultados antes de que adquiera un deseo por cambiar, al costo que sea, para tener un mundo mejor para él o ella, su familia, para la sociedad. La persona tiene que tomar consciencia del problema y tener gran motivación para cambiar… Tocar fondo.
El Salmo 120 es la expresión de semejante persona, cansada de las mentiras y paralizada por el odio, una persona doblada en dos por el dolor que siente por lo que está ocurriendo en el mundo que la rodea.
Reflexionemos brevemente sobre algunas frases impactantes de este hermoso Salmo 120.
En mi angustia invoqué al Señor, y él me respondió.
Vemos en todos lados que la gente está enojada unos con otros. Los vecinos tienen problemas para llevarse bien. Los matrimonios están viviendo como perros y gatos. El mundo anda revuelto, siempre buscando pelea. Nadie parece saber cómo vivir en una relación sana.Literalmente vivimos en la angustia.
El pueblo de Dios como peregrinos van para buscar al Señor y pedir que él intervenga en medio de su angustia. Sabemos que hay algo mejor y que Dios lo puede proveer.
Qué hermosa declaración: "En mi angustia invoqué al Señor, y él me respondió". Esa es la gran verdad de toda la Biblia que Dios escucha y responde al corazón que con toda buena disposición y humildad le presenta sus deseos de cambios en su vida, en la de su familia y en la de la sociedad y la del mundo.
Señor, líbrame de los labios mentirosos y de las lenguas embusteras.
Hay dos lecturas que uno puede hacer de esta parte del salmo.
La primera lectura tiene que ver con las mentiras que nos hace el sistema en el cual vivimos. Todo se arregla con dinero y con la palanca de personas en posiciones de poder.
Rescátame de las mentiras de los anunciantes que afirman saber lo que necesito y deseo, desde las mentiras de los animadores que prometen una forma económica de hacerme feliz. De las mentiras de los políticos que pretenden instruirme en cuestiones de poder y de moralidad que es inmoralidad pura.
Rescátame de la persona que me habla de la vida y omite a Cristo, que tiene sabiduría según la forma de ser del mundo, pero que ignora las condiciones para que el Espíritu Santo pueda obrar genuinamente en mi vida. Nos dicen que debemos amarnos unos a otros sin decirnos que primero debemos amar a Dios y aceptar la máxima expresión de su amor por nosotros.
La segunda lectura de esta oración pidiendo a Dios que nos libre de los labios mentirosos y de la lengua embustera. Tiene que ver con el uso que nosotros hacemos de nuestra propia lengua. Aquí nos hace bien una revisión de lo que nos dice Santiago acerca de la importancia de dominar nuestra propia lengua pues al hacerlo tomamos el control de nuestra mente, emociones y de todo nuestro cuerpo.
¡Ay de mí, que soy extranjero en Mésec, que he acampado entre las tiendas de Cedar!
El Salmista se da cuenta que ya ha vivido mucho tiempo entre Mésec y Cedar. Mésec era una tribu reconocida por su maldad y su conducta arrogante y violenta. Cedar era otra tribu errante de reputación salvaje e inmoral hasta rebasar la imaginación.
Si parafraseamos, el clamor es: “Vivo en medio gente violenta e inmoral; este mundo no es mi hogar y yo quiero hacer un cambio y por eso clamo a Dios”.
La palabra bíblica que se utiliza generalmente para describir el NO que le expresamos a las mentiras y la vida inmoral del mundo, y el SÍ que le pronunciamos a la verdad de Dios es arrepentimiento.
El arrepentimiento es darnos cuenta de qué es lo que Dios desea de nosotros, y que lo que nosotros deseamos de Dios no lo vamos a lograr haciendo lo mismo de siempre. El arrepentimiento es seguir a Jesucristo y convertirnos en peregrinos en la senda de la paz y cuyo único objetivo es agradarle solo a él.
Oremos:
Amoroso Señor, te confieso que estoy cansado de hacer las cosas que te ofenden y que me hacen sentir despreciable. Con todo mi corazón y mi mente me arrepiento y te pido me perdones y me proveas la paz que solamente tú me puedes dar.
Reflexiona y haz algo:
Mira dentro de ti y escribe una lista de acciones y conductas de las cuales te arrepientes. Después pide al Señor que te perdone y te limpie. Finalmente rompe o quema ese papel donde escribiste y acepta el perdón y la paz de Dios.
Qué Dios te bendiga es el deseo de mi corazón y mi oración por ti hoy




